La adopción en Colombia un camino tortuoso

Adoptar un niño, niña o adolescente en Colombia es complejo, lleva mucho tiempo y sumerge a las personas que lo intentan en un proceso intrincado y engorroso que pueden llevar fácilmente a un desgaste y cansancio que puede producir en ocasiones la idea de desistir, o aún peor, recurrir a mecanismos no legales para encontrar el hijo o hija que tanto se anhela.

Pero por qué es tan difícil adoptar teniendo en cuenta las alarmantes cifras que reporta el país en materia de protección de la infancia reveladas por el ICBF, donde se indica que 63.994 niños, niñas y adolescentes se encuentran bajo protección de esta entidad, de los cuales 4.255 fueron abandonados y hasta el momento, de ellos, 2946 fueron declarados en adoptabilidad.

La respuesta puede estar en que la adopción dista mucho de ser un cuento de hadas o una historia emocionante y bella con un final feliz. La verdad es que puede ser un camino tortuoso y doloroso tanto para la pareja o la persona que desea adoptar como para el niño, niña o adolescente que es declarado en situación de adoptabilidad.

Aunque la adopción esta sustentada en un principio altamente humanista y se concibe como un gran acto de amor y generosidad, en muchas ocasiones alrededor de este instrumento jurídico se han estructurado instancias criminales supranacionales con el objetivo de convertir la adopción en un negocio muy lucrativo, donde se mercadea la venta de menores de edad, principalmente provenientes de naciones pobres o en vía de desarrollo.

Este año, por ejemplo, conocimos la prohibición que se estableció en Holanda para que sus ciudadanos adopten niños o niñas en el extranjero, teniendo en cuenta la investigación realizada por el ministerio de protección legal de este país y donde se ponen en evidencia las graves irregularidades cometidas en los procesos  de adopción entre el periodo de 1967 a 1998, entre ciudadanos Holandeses con países proveedores de niños en adopción como es el caso de Colombia, donde se incluye falsificación de documentos, coacción a las madres biológicas  y actos de corrupción de las autoridades locales.

De esta manera, encontramos que la historia de la adopción en el país tiene episodios oscuros como sucedió con el caso de los niños perdidos de la tragedia de Armero, donde muchos fueron sacados de manera irregular del país. También tenemos los escándalos alrededor de las casas de adopción que han puesto al descubierto negocios multimillonarios que incluye traslados de fondos a paraísos fiscales como Islas Caimán o Panamá. También vemos la fuerza que toman los grupos que se crean por redes sociales de personas nacidas en Colombia y que fueron dadas en adopción y cuyas vidas se convirtieron en un infierno por las irregularidades y los errores cometidos en sus casos. Poco  a poco hemos venido conociendo sus historias a través de medios de comunicación,  historias de personas con mucho sufrimiento, con una necesidad profunda de respuestas y de encontrarse a ellas mismas, pero que nuestro sistema de adopción no puede responder.

Todo esto llevó a cambiar las condiciones de adopción en Colombia. Se han establecido procesos más rigurosos para el restablecimiento de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, buscando siempre priorizar su bienestar. Sin embargo, contrario a lo que establece la ley, lo único que se logra es que los tiempos sean mayores y que los niños queden atrapados en el sistema burocrático por muchos años, perdiendo la posibilidad de ser adoptados.

Así mismo, los procesos de adopción tienen un alto componente subjetivo para determinar quién es idóneo, lo que provoca incluso contradicciones y choques entre los diferentes funcionarios por los que debe pasar el proceso: defensores de familia, equipos psicosociales, jueces, delegados de la Procuraduría, etc.

El tema es tan complejo, que la misma Corte Constitucional tuvo que pronunciarse a través de la sentencia C-814 de 2001 sobre la idoneidad moral y cómo esta no debe ser criterio valido de restricción. Sin embargo, existen sesgos que influyen para que una pareja o persona pueda adoptar y tengan que enfrentar mayores complicaciones y tramites en sus procesos.

Año tras año el abandono de menores de edad aumenta en Colombia, ICBF señala que durante el 2020 fueron abandonados 372 menores de edad,  todos ellos deben tener el derecho a un hogar y a una familia, por esta razón necesitamos simplificar, reducir y hacer más especializado  el trámite de adopción, es justo tanto para los niños y niñas que se encuentran en esta situación, así como para las  personas que desean adoptar y que son sometidas a desgastantes y eternos procesos burocráticos, es cuestión de voluntad y de compromiso real.

Fernando Merchan Ramos

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