¿Qué aprendizajes nos ha dejado la pandemia por la COVID-19?

Una frenada en seco, así muchos han sentido la intrusión de la pandemia por COVID- 19 a nuestras vidas, ha sido un movimiento brusco de la naturaleza y de la vida para decirnos: hay que hacer un alto en nuestro vertiginoso ritmo. Ha sido una parada necesaria donde hemos tenido el tiempo suficiente para pensar en todo el daño que hemos estado haciendo a nuestro planeta.  Hoy es necesario preguntar por nuestra identidad como seres humanos para darnos cuenta de que todas las cosas básicas que nos dan sentido las tenemos olvidadas o se han ido diluyendo en medio de nuestro egoísmo, competencia y consumo exacerbado.

Son muchas las voces que se han escuchado desde diferentes áreas del conocimiento, reflexionando sobre el impacto en nuestras vidas, sobre el miedo, la incertidumbre, el dolor y la perdida que hemos tenido que experimentar por cuenta de la COVID-19, pero al tiempo está la perspectiva de las enormes oportunidades y aprendizajes que están emergiendo en este momento histórico.

Se han hecho virales por ejemplo las ideas entorno a lo que nos deja la pandemia, la psicóloga italiana Francisca Morelli, detalla en su análisis de esta coyuntura la valiosa oportunidad que tenemos de recuperar el sentido comunitario, de ser solidarios y corresponsables en el cuidado y la protección de nuestro entorno, de nosotros y del otro, al reconocer nuestra propia fragilidad y la profunda conexión que tenemos todos los habitantes de este planeta.

De sus reflexiones quisiera hacer especial énfasis en la necesidad de prestar atención a lo que está pasando con nuestro medio ambiente, Morelli describe lo paradójico de este momento al afirmar: “la economía colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable, el aire mejora; se usan mascarillas pero respiramos” Y evidentemente nos sorprendimos con el descenso en la contaminación durante el tiempo que estuvimos aislados en nuestras casas, mejoró la calidad del aire, nuestras bahías se  bañaron con mares cristalinos y limpios, muchas especies de animales regresaron a los entornos de los que habían sido desplazados al punto de maravillarnos viendo a los más osados adentrándose en las ciudades desocupadas y sin nuestra presencia.

Por esta razón, más que nunca como en esta pandemia toma especial relevancia la encíclica “El cuidado de la casa común” del Papa Francisco, donde el sumo pontífice nos llama a revisar la responsabilidad que tenemos todos en el daño a nuestro planeta, donde pone en evidencia que a la catástrofe ambiental se suma también una degradación ética y humana.

Hoy necesitamos hacer un llamado urgente a tomar conciencia y a comprometernos cada uno con cambios en nuestros hábitos de producción y consumo. Pero que doloroso resulta ver lo efímero que fue este respiro para la naturaleza y parece que no aprendimos nada. Al ritmo que se reactiva la economía también se activa la depredación de nuestros bosques y selvas, por ejemplo, en el caso de Colombia el país pierde cerca de 48.000 hectáreas del bosque al año, situación que no disminuyó durante la pandemia y a medida que se va retornando a una relativa normalidad la maquinaria de la destrucción de nuestra naturaleza toma de nuevo su fuerte y acelerado impulso.

Triste pensar que no estemos aprendimos nada de esta situación frente a nuestro medio ambiente y nuestro comportamiento cultural, a pesar de que es muy probable, de acuerdo con lo que indican diversas investigaciones científicas las cuales han confirmado que el coronavirus proviene de los intensos procesos de deforestación que se están realizando en todo el planeta y que de seguir así es muy probable que nuevas pandemias y catástrofes de proporciones mayores ocurran con mayor frecuencia e impacto. Ojalá estemos a tiempo y no echemos en saco roto todo lo que nos está mostrando esta pandemia frente a nuestro compromiso con el cuidado y protección de nuestra “casa en común” como denomina el Papa Francisco a nuestro azul y lleno de vida planeta tierra.

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