Glifosato, ¿Peor el remedio que la enfermedad?

Volver a utilizar la aspersión área con glifosato como mecanismo para erradicar cultivos de coca acrecienta aún más la enorme grieta que históricamente ha existido entre el gobierno nacional y las comunidades campesinas, afro e indígenas de nuestro país. Como casi siempre, el gobierno de Iván Duque escucha poco e insiste en utilizar una herramienta que ya se comprobó no solamente es muy costosa y poco efectiva para atacar la producción de drogas ilícitas, sino además, con afectaciones demostradas a las salud humana y al medio ambiente.

Diversos estudios científicos son utilizados tanto por farmacéuticas y gobierno, como por comunidades defensoras de derechos humanos y ambientales para defender alguna posición o decisión. Sin embargo, parecen más serios y consistentes los estudios realizados que evidencian efectos nocivos y el aumento de enfermedades respiratorias, dermatológicas, anormalidades en la gestación y abortos en las comunidades colombianas que han sido expuestas a las fumigaciones (Mejía, D & Camacho, A. Uniandes 2011).

Las graves consecuencias de la aspersión con glifosato también se sienten en el medio ambiente, donde sus efectos son nefastos. Uno de sus mayores productores es la compañía Monsanto, cuyos desarrollos biotecnológicos se han cuestionado por sus efectos en la reducción de la fertilidad de la tierra y en la producción de alimentos que podrían poner en riesgo la bioseguridad alimenticia de nuestra especie, pues ataca toda la capa vegetal donde se usa, contamina fuentes hídricas, además de interrumpir los procesos de polinización, es decir, entre muchas otras afectaciones, el glifosato es uno de los principales responsables de la alarmante muerte de abejas en el mundo.

El Gobierno Nacional insiste en usarlo como mecanismo de lucha contra el desbordado incremento de los cultivos de coca en el país, sin embargo, los datos tampoco parecen respaldar las tesis del Gobierno, pues se ha demostrado que la reducción de siembra en los terrenos que se fumigaron sólo corresponde a un 16% con respecto a los que no fueron asperjados y con costos mucho más elevados que la erradicación manual o la sustitución de cultivos.

No solamente es más ineficaz y costosa, también intensifica la violencia y genera más pobreza en las regiones apartadas del país. Con el regreso de las fumigaciones se están rompiendo pactos y compromisos con las comunidades, se está destruyendo la confianza que se venía construyendo a partir de la firma del acuerdo de paz. En este sentido, la Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito asegura que hay una serie de incumplimientos por parte del gobierno de Colombia en el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos, señalando que de las 100 mil familias vinculadas al programa cerca de 40 mil no han recibido ningún pago, mientras el 94% de estas familias si han cumplido con su compromiso de erradicar y sustituir de manera voluntaria.

Los países que han tenido éxito en la erradicación de cultivos ilícitos lo han logrado sin el uso del glifosato, tenemos el ejemplo de experiencias exitosas en naciones como China, Tailandia y más cercana a nosotros como el caso de Bolivia, que nos muestran que hay otros caminos y todas las experiencias con un común denominador: trabajar CON las comunidades, no en CONTRA, llevando educación, tecnificación, acompañamiento permanente, acercando al Estado, implementando proyectos a largo plazo, e integrando estas zonas al desarrollo del país.

En medio de tantas sombras surgen luces de esperanza: cientos de familias y comunidades campesinas e indígenas a pesar de la presión de grupos armados y del desamparo del gobierno continúan con su compromiso de erradicar y sustituir los cultivos para darle un nuevo aire de vida y esperanza a sus habitantes y a sus territorios.

Fernando Merchan Ramos

Director ONG Adelante Colombia

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