Salud mental en Colombia: Una crisis silenciosa pero mortal

La pandemia por la COVID-19 nos recordó lo frágiles que somos, que no hay certezas y que no podemos creer que estamos siempre seguros. La COVID-19 se ha hecho sentir con una estela de sufrimiento emocional y mental de grandes proporciones, son muchas las personas que han vivido el drama de la soledad, el adiós de un ser querido, la pérdida de empleo, la desintegración familiar, entre otras. Desde hace un par de años se viene hablando de la importancia de la salud mental, de sociedades infelices, de seres humanos desesperados, deprimidos y ansiosos. Lo que cambió con la pandemia es que todo lo que venía fragmentado terminó por romperse, de esta manera se incrementó la solicitud de servicios especializados en salud mental. 

En el caso de Colombia, de acuerdo con el Ministerio de Salud las consultas por esta causa aumentaron en un 30% y según los expertos la tendencia es que esta situación aumente de manera progresiva. Según el Instituto Nacional de Salud, en el 2020 ocurrieron 26.132 intentos de suicidio. Por otro lado, el Instituto Nacional de Medicina Legal ha registrado que la cifra para el primer semestre de este año (2021) fue de 1489 casos de suicidios frente a 1127 en el año pasado. En ciudades como Bogotá y de acuerdo con la Secretaría de Salud, desde febrero de 2021 se incrementaron los casos de ideación suicida y los intentos de suicidio en un 35,2%. 

Con la emergencia sanitaria quedó en evidencia el completo desinterés y abandono en el que se tenia este asunto, ahora, nos damos cuenta que la capacidad del país es insuficiente para afrontar el problema, no existen políticas públicas claras, no hay inversión y compromiso real por parte de nuestros gobiernos, no existen procesos de orientación y educación en salud mental y existe un estigma muy fuerte hacia las personas que han estado en estas situaciones, lo que conlleva un silencio colectivo sobre la situación.

No es un problema producto de la pandemia global, antes de iniciar esta crisis sanitaria teníamos un problema latente y silencioso. De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Salud Mental realizada en el país, el 40,1% de la población es decir 2 de cada 5 personas presentaba alguna vez en su vida algún trastorno mental, además hay que decir que por muchos años se ha desatendido el intenso sufrimiento emocional de las miles de víctimas de la cruel e intensa violencia que ha vivido el país, así como las huellas que deja en muchos colombianos la desigualdad, la pobreza, la falta de oportunidades, la exclusión, entre otros problemas sociales.

Hay una situación que llama la atención con respecto a estas cifras y es lo que sucede en la relación de suicidios entre hombres y mujeres en esas edades. De acuerdo con los datos de Medicina Legal, mientras la tendencia general por todos los rangos etarios es que el 81% de los casos corresponden a hombres y el 19 % a mujeres, una diferencia significativa, en la población adolescente esta diferencia se reduce sustancialmente y equivale a un 56% para los hombres y 44% para las mujeres, lo que nos debe alertar frente a los múltiples factores de riesgo a los que se están exponiendo los menores de edad en el país, entre los que están el abandono o ausentismo escolar, maltrato infantil, acoso, pobreza, consumo de sustancias psicoactivas, entre otros.  

Este panorama también lo viven otros grupos poblacionales como los adultos mayores, los profesionales de la salud con el estrés y la sobrecarga de trabajo durante la pandemia, los integrantes de los servicios sociales, de la fuerza pública, las personas que hacen parte de grupos minoritarios o étnicos. Por ejemplo la denuncia de los indígenas de la comunidad Wounaan en el Chocó que alertó que 21 jóvenes de su etnia se han suicidado para evitar ser reclutados por grupos ilegales en lo corrido del año.

Así, estamos frente a lo que podemos llamar también una pandemia de salud mental que día tras día crece y a la que no se le presta atención. La Ley 1616 de 2013 establece que la salud mental es un derecho fundamental y un tema prioritario de salud pública. Sin embargo más allá de la ley no hay diseño, ni presupuesto ni ejecución de políticas públicas enfocadas a solucionar el tema. Estamos frente a un virus silencioso que por falta de prestarle atención acaba día tras día con la vida de cientos personas alrededor del mundo. Es muy probable que en los próximos años aumenten las personas con profundos padecimientos en salud mental, las tasas de suicidio van a subir y la capacidad de progresar como sociedad se va a ver afectada. 

Urge fortalecer y asumir un compromiso real con políticas claras para la prevención y la atención de los problemas de salud mental de los colombianos. Se deben implementar programas masivos de promoción en salud mental, que brinden las herramientas para disminuir los factores de riesgo y que permitan asumir de manera resiliente situaciones de crisis. Se debe trabajar de la mano con las EPS para que ofrezcan entre sus portafolios de salud la atención a estos casos. Se debe fomentar la formación de más profesionales en los campos de la psicología y la psiquiatría, la apertura de espacios hospitalarios especializados para este tipo de padecimientos. Debemos garantizar la cobertura universal, la posibilidad de acceder a terapias tempranas y especializadas, el fortalecimiento de entornos 

COMPARTE EL ARTÍCULO

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on whatsapp

DEJANOS TU COMENTARIO

CUENTANOS TU CAUSA