Hugo Chávez ¿Héroe o villano?

La historia política de América Latina, por los menos desde el siglo XIX,  ha estado marcada por el caudillismo, encarnada en lideres carismáticos que terminan posicionándose por encima de las instituciones públicas teniendo como consecuencia una constante ruptura de la cultura democrática.  Los diversos problemas a los que se enfrenta Latinoamérica, la conducen fácilmente  a los delirios de personajes que se ven a sí mismos como iluminados, como la encarnación de un héroe, profeta o salvador de sociedades desencantadas y sumidas en profundas crisis.

El desfile de estas figuras por la región es amplio y muchos conservan casi un estatus de divinidad y objeto de adoración. Tenemos a Porfirio Díaz en México, José Domingo Perón en Argentina, Getulio Vargas en Brasil, Rafael Trujillo en República Dominicana, en Colombia podríamos mencionar por ejemplo el interrumpido caudillismo de Jorge Eliecer Gaitán, y por supuesto uno de los ejemplos más recientes, el expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien representa la esencia del caudillo y la viva manifestación del populismo que en América Latina, convierte la política en una religión y ha logrado desafortunadamente a algunas naciones a un destino de empobrecimiento y de perdida de libertades. 

Por esta razón y por estar todavía reciente en nuestros imaginarios y por las devastadoras consecuencias que su legado aún tiene en nuestro país hermano, hoy quiero hacer un repaso de lo que fue la vida de Hugo Chávez, sobre todo para estar alerta y no olvidarnos de los peligros y lo catastrófico que siempre termina siendo para las naciones que optan por solucionar sus problemas de la mano de caudillos. 

Para iniciar hay que reconocer que Hugo Chávez no fue un tipo promedio, se caracterizó por ser un estudiante avezado que hizo una interesante carrera militar, donde siempre ocupó las posiciones de honor entre los mejores de su generación. Pero al tiempo que desarrollaba su vida en el marco de la disciplina y la ortodoxia militar, también atravesaba por la paradoja de encubar una mente rebelde y obsesionada con figuras como la del libertador Simón Bolívar o Fidel Castro y se enganchaba con postulados socialistas y de izquierda. Uno de sus biógrafos más destacados, el historiador mexicano Enrique Krauze asegura que la vida de Chávez toma un giro radical con la lectura de “El papel del individuo en la historia”, del padre del marxismo ruso, Gueorgui Plejánov.

De esta manera, su fijación con la figura de Bolívar se tornó  en una cuestión patológica al tiempo que sus acercamientos con los movimientos de izquierda que iban tomando fuerza en Venezuela se fueron afianzando, al punto que decidió crear su primer movimiento político con esta línea ideológica en 1982, denominado el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, como una forma de homenajear el natalicio del Libertador.  En ese momento también comienza a manifestarse su personalidad teatral, la que fue un rasgo distintivo de su vida y la que sin duda se convirtió en una de sus principales herramientas de seducción de masas. De esta manera, emulando uno de los principales hitos en la vida de Simón Bolívar, como es el caso del célebre juramento que hizo de libertar a América del yugo español en Italia, en el monte Sacro, Hugo Chávez también hizo lo propio jurando bajo el Samán de Güere  que iba a reformar el ejército venezolano e iniciar una lucha para construir una nueva República.

Es así que Hugo Chávez se manifiesta como una personalidad carismática e idealista y que en un principio de su vida pública y en beneficio de la duda, se puede decir que tenía buenas intenciones y realmente estaba pensando en el bienestar de su país, su figura toma más popularidad cuando Venezuela atravesaba por una profunda crisis social y económica. Concretamente podemos decir que el punto de inflexión para que entrara en la escena política de ese país se da con el denominado Caracazo en 1989, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez y la brutal represión de las fuerzas militares contra las jornadas de protesta que el pueblo venezolano adelantaba por la crisis en la que estaba sumergida esta nación. Literalmente fue una masacre con centenares de muertos. A partir de este hecho, la figura de Chávez toma mayor relevancia, primero se convierte en una especie de mártir en 1992 al ser encarcelado después de su fallido intento de golpe de estado para después tomar las banderas de todo este descontento popular y finalmente alcanzar la presidencia en las elecciones de 1998.

Ya en el poder, su caudillismo se afianza y emula la política de ‘El Estado soy yo’ más que un demócrata parecía un rey.  Hugo Chávez se contagia de manera muy rápida de la patología de todos estos líderes con espíritus mesiánicos, que se ven a ellos mismos como iluminados y elegidos por el destino para ser los salvadores de un pueblo atormentado. La psicología ya tiene trazado este perfil, el neurólogo y excanciller británico David Owen, lo denominó el “síndrome de hubris”  que en griego se relaciona con la desmesura.

A continuación comparto literalmente algunos de sus síntomas: narcisismo; búsqueda constante de poder y gloria; autoglorificación; modo mesiánico de hablar y tendencia a la exaltación; excesiva confianza en su propio juicio y desprecio por el de los demás; tendencia a la omnipotencia; creencia de que no deben rendir cuentas a sus iguales, colegas o a la sociedad, sino ante cortes más elevadas: la historia o Dios; pérdida de contacto con la realidad; aislamiento progresivo; inquietud, imprudencia, impulsividad; convencimiento de la rectitud moral de sus propuestas ignorando los costos.

Sin duda, Chávez padecía de manera crónica de este síndrome que lo llevó a encaminar a su pueblo por una especie de despeñadero social y económico, su gobierno se convirtió en una dictadura, con niveles escandalosos de corrupción, con un abuso de poder desproporcionado, con una progresiva restricción de las libertades, dando la espalda a todo por lo que supuestamente iba a trabajar y luchar en su mandato, condenando a un empobrecimiento físico y creativo al pueblo venezolano y que hasta el día de hoy ha profundizado su sucesor Nicolás Maduro.

Con este ejemplo que nos duele tanto, los quiero invitar a reflexionar y pensar desde una perspectiva crítica. En la política como en el amor no hay que repetir ciclos de relaciones tóxicas, debemos estar muy atentos para no dejarnos encandilar o seducir por mesianismos, la solución a nuestros problemas no están en la cabeza de un solo hombre, como sociedades tenemos que madurar y entender que el mejor camino siempre está en la construcción de instituciones fuertes y democráticas, no hay soluciones únicas, ni mágicas que nos ayuden a solucionar los problemas. Los y las invito a creer en la democracia y en las instituciones. 

Fernando Merchán 

Director ONG Adelante Colombia

Socio en la firma de consultoría López & James

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