El comunismo, una forma extrema y violenta de ver el mundo

Actualmente se puede afirmar que Rusia y China ya no son Estados comunistas, algo paradójico, teniendo en cuenta que estas dos naciones han sido determinantes para el nacimiento, desarrollo y expansión de esta ideología en el mundo. En el caso de Rusia, desde el desmoronamiento de la Unión Soviética a finales de los años 80, el país ha hecho una vertiginosa transición hacia el capitalismo y el libre mercado, incluso, desde su constitución de 1993 se determinó que en esta nación no debía existir una ideología estatal que se pudiera imponer a sus ciudadanos, al tiempo que el partido comunista ya está muy lejos de ocupar el lugar preponderante que tenía en esta sociedad.

Con respecto a China, políticamente se puede decir que aún se rige por la doctrina comunista, sin embargo, en el desarrollo económico la situación es diferente porque funciona como un sistema capitalista, abierto al libre mercado y a la globalización, al punto de competir cabeza a cabeza con el mayor representante del capitalismo en el mundo, los Estados Unidos de América.

Sin embargo, y pese a las distancias que estos dos países están tomando frente al modelo comunista, en ellos aún persisten y se encuentran arraigadas muchas de las peores prácticas de esta ideología que están encaminadas a restringir de manera nefasta las libertades de sus ciudadanos. Los datos que nos deja la historia del comunismo son aterradores, con millones de víctimas directas o indirectas en todo el planeta. Este sistema ha sido generador de pobreza, de hambre, ha profanado la libertad y la autonomía humana, es un monstruo que ha devorado naciones y consumido generaciones enteras sometiéndolas con el terror y la esclavitud.

El comunismo es muy peligroso porque resulta demasiado seductor, promete alcanzar muchas premisas de una sociedad ideal como la abolición de las clases sociales para alcanzar la igualdad entre seres humanos, nos dice también que es el único camino para disfrutar en su justa medida de la riqueza que se produce por nuestro trabajo, además de comprometerse con la erradicación de toda forma de explotación y la supresión de la propiedad privada. Sin embargo, este sueño de sociedad ideal termina convertido en una pesadilla, el comunismo es una utopía y como tal es imposible de realizar y de llevar a la realidad. Por esta razón, traerlo a la práctica requiere de la violencia, esta ideología se debe imponer a la fuerza. Desde los postulados de Marx, el comunismo se establece como una revolución violenta, al tiempo que preconiza la lucha de clases como el único camino para acabar con la opresión de la burguesía y poder instaurar la denominada dictadura del proletariado o gobierno de los trabajadores y obreros.

Es importante hacer un paréntesis, en la exploración de la violencia intrínseca al comunismo, aunque se plantea como una revolución de obreros, el comunismo no nace en los países que estaban viviendo la denominada revolución industrial, donde se da el auge de las fábricas y la clase trabajadora, el comunismo tiene su asiento en países pobres y agrícolas como fue el caso de los ya mencionados Rusia y China. Retomando el elemento de la violencia hay que decir que el comunismo es una ideología esquizofrénica, siempre buscando enemigos, vigilando y persiguiendo a sus disidentes. En Rusia, país donde se da el principal hito del comunismo en 1917 con la revolución bolchevique que dio paso al surgimiento de la Unión Soviética, al tiempo que se instauraron medidas como la separación de la iglesia y Estado, o la aprobación de la igualdad entre hombres y mujeres. Vladimir Lenin estableció el terrorífico cuerpo policial de represión conocido como La Checa que encarceló y fusiló a todo aquel que se consideraba contrarrevolucionario. No olvidemos que, aunque el comunismo dice llevar la bandera de la defensa del pueblo también considera que ese mismo pueblo que defiende es ignorante y no sabe lo que quiere. La cruel represión instaurada por Lenin en la Unión Soviética toma unas dimensiones desproporcionadas con la llegada al poder de Joseph Stalin, quien aplicó severas purgas y medidas de represión como los inhumanos campos de concentración en Siberia, convirtiéndolo en uno de los principales genocidas de la historia al ser señalado de ser el responsable de la muerte de al menos 20 millones de personas durante su régimen.

Historia similar se vivió en China con el régimen comunista instaurado bajo el liderazgo de Mao Zedong. Se vivió el mismo terror y represión que en la Unión Soviética, quienes contradecían o disentían del gobierno eran perseguidos, encarcelados o asesinados, tener una opinión diferente era casi una sentencia de muerte. De esta manera, se dio la revolución cultural en la que se persiguió a intelectuales, artistas, se quemaron centenares de templos, bibliotecas y lugares históricos.

El comunismo se instauró a la fuerza en muchas otras naciones de Europa Oriental, Asia, África y América Latina, repitiendo la misma barbarie. Como ejemplo tenemos el genocidio sucedido en Camboya con el sanguinario régimen comunista al mando de Pol Pot, literalmente un psicópata y responsable de la muerte de 1,7 millones de personas. Se calcula que 1 de cada 4 camboyanos murieron en medio de trabajos forzados, torturas, experimentos crueles y una locura total desatada en este régimen.

Cualquier gobierno comunista que revisemos está ligado a la represión, a la censura y toda limitación de la libre expresión, sólo nos basta mirar por ejemplo hacia Cuba en América Latina considerado uno de los países en el mundo con mayor población carcelaria por razones de disidencia o contradecir el régimen, sólo por mencionar una de las tantas restricciones de las libertades que tienen sus ciudadanos. A la violencia y represión tenemos que sumar el fracaso económico del sistema comunista, porque termina destruyendo el valor de las cosas, genera hiperinflación, acaba la producción, limita el ahorro y espanta la inversión, al tiempo que erosiona de manera progresiva la calidad de vida de sus ciudadanos para dejarlos en un estado de pobreza lamentable. 

El ejemplo más palpable de la ruina producida por el comunismo lo tenemos de nuevo con los casos de China y Rusia donde producto de las políticas económicas de esta ideología se generaron en el siglo XX situaciones de hambruna que mataron a más de 50 millones de personas. Así, durante su historia, hemos visto la desesperación de millones de personas para huir de estos regímenes que llegan a construir muros para aislar a sus ciudadanos como sucedió en la Alemania Oriental, o convertir sus fronteras en fortines militares como en Corea del Norte, y para irnos más cerca vemos a los balseros escapar de Cuba sin importarles los riesgos y la posibilidad de perder su vida, o la tragedia ocurrida en Venezuela con una diáspora como nunca se había visto en nuestro continente.

Los datos históricos dicen que el comunismo ha dejado cerca de 100 millones de víctimas sólo en el siglo XX,  y aunque las dos naciones que dispersaron esta ideología por el mundo se alejan diametralmente de sus postulados económicos, el comunismo se mantiene como un fantasma que  amenaza a naciones con instituciones y democracias débiles, con problemas de injusticia y desigualdad social, listo para crear un espejismo que muy pronto se convierte en sufrimiento y esclavitud.   

Fernando Merchan Ramos

*Fundador de la ONG Adelante Colombia

*Director de Desarrollo Empresarial y Empleo de Bogotá

*Miembro de la Comisión Permanente para la defensa de los Derechos Humanos

Diciembre 31 de 2021

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