El capitalismo consciente, la fuerza entre la desesperación y la esperanza.

Son muchas las veces que se ha anunciado la proximidad de la caída del capitalismo, se ha augurado que sus días están contados, pero pese a sus crisis no sucede, son más de 500 años, si ubicamos su origen hacia el siglo XVI y sigue instituido como el sistema económico y social dominante en casi todo el planeta.

A pesar de las profundas críticas contra sus lógicas, que no se puede negar se han cimentado en muchas ocasiones en la injusticia, el sufrimiento, el derramamiento de sangre y el establecimiento de profundas diferencias en nuestras sociedades, la verdad es que  ningún otro modelo nos ha acercado tanto a experimentar de manera real  el concepto de libertad; libertad de expresión, libertad de movilidad, libertad de decidir o elegir, de pensar y aunque muchos tengan argumentos para refutar esta afirmación, hasta ahora el mundo, por lo menos que esté registrado, no ha experimentado otro sistema que haya dado, reitero, la posibilidad de sentir que estamos determinados por el libre albedrío.

Esta relación cambió las posibilidades humanas. Como lo afirmó el mismo Marx, el capitalismo es la teoría económica más revolucionaria de la historia, permitió como nunca ampliar la mente y los horizontes de los hombres que en el momento de su surgimiento estaban acorralados por las dinámicas del feudalismo, de las monarquías autocráticas y del absolutismo. Con el capitalismo, el ser humano descubrió que podía cambiar su destino, que podía llegar a ser tan o más poderoso que sus reyes y señores feudales, por sus propios medios, por su esfuerzo, por su trabajo, por su mérito, por encima de la magia y el determinismo religioso.

Con el capitalismo surge la fuerza del mercado, que comenzó a regirlo todo, que le dio el valor a las cosas, con el poder de cambiar la fortuna de los hombres para bien o para mal de manera tan vertiginosa. El libre mercado engendró una energía creadora,  ambivalente y  con la capacidad de desafiar cualquier límite humano o de la naturaleza, pero también para destruir sus propios cimientos,  de nuevo recordemos  a Marx, uno de los principales teóricos del capitalismo y quien lo define como “la fuerza que desvanece todo lo sólido en el aire”.

Pero pese a sus contradicciones, hay otro elemento que sobresale asociado al capitalismo y es su capacidad para generar riqueza y por consiguiente bienestar como nunca se había experimentado. Hemos presenciado un crecimiento exponencial de todo lo asociado con el ser humano, comenzando por su población. Para darnos idea, si se compara su incremento desde el auge de la revolución industrial hasta nuestros días, el aumento es cercano al 650%. Es decir, que gracias a las innovaciones que este sistema permite en muchas áreas como la medicina, tecnología, el acceso a mejores condiciones higiénicas o agua potable, los seres humanos han podido superar muchas de las condiciones que dificultaban la supervivencia en el planeta. Recordemos datos de las sociedades premodernas donde uno de cada dos jóvenes moría antes de llegar a los 20 años o uno de cada 4 niños moría antes de cumplir el primer año de vida.

Es muy interesante revisar los argumentos de una de las principales autoras defensoras del capitalismo, la historiadora y economista Deirdre McCloskey, quien afirma que más que la acumulación de capital, lo que hace que alguien en este sistema se convierta en rico son: “las buenas ideas para el uso del capital y nuestros otros talentos y energías.”

No desconocemos la exacerbación del individualismo en este argumento y que de hecho es una premisa importante en el capitalismo, incluso, defendido desde la ética protestante basada en los postulados del teólogo Juan Calvino como lo sostuvo Marx Weber. Pese a lo extraño y contradictorio que nos parezca la idea de la predestinación de la salvación propuesta por Calvino, esta termina llevando a sus creyentes a una búsqueda constante del dominio racional del mundo. En este orden de ideas, muchos de los que defienden el capitalismo aseguran que el individualismo y el racionalismo también nos conducen a buscar un mejor planeta para todos.

Ahora, no estamos dejando de ser críticos frente al capitalismo, no todo es perfecto, y sabemos que aún estamos lejos de encontrar la manera en que toda esa riqueza y bienestar que produce beneficie a una mayor cantidad de personas. Es un hecho que cada día la concentración de la riqueza se profundiza como lo evidencian los datos económicos. OXFAM afirmó en el 2018 que el 82% de la riqueza generada en un año en el planeta iba a parar solo a un 1% de la población más rica, así mismo, sostiene que la riqueza de las elites aumenta un promedio de 13% al año mientras que el de las personas que viven de sus salarios solo lo hace a un ritmo de un 2% anual. En el caso de Latinoamérica, una de las zonas más desiguales del mundo, el 10% más rico de la población concentra el 68% de la riqueza, mientras el 50% más pobre únicamente accede al 3.5% de la riqueza total. 

Otra de las grandes grietas que se abre en el capitalismo es la acumulación también de las oportunidades en unos pocos debido al exceso del manejo de influencias y concentración de poder. Esto tal vez es uno de los principales problemas en sociedades como la nuestra, donde no se ha permitido el desarrollo de varios de los pilares de este sistema económico como es el libre mercado, la libre competencia y los espacios para la innovación, teniendo en cuenta que nuestros sistemas económicos se han empeñado en cuidar los privilegios de unas pocas elites.

También tenemos el consumismo desbordado que en este momento tiene al planeta en un punto de tensión con respecto a sus recursos naturales. La organización de las Naciones Unidas afirma que en las últimas 4 décadas la extracción de materiales primarios se ha triplicado, al tiempo que se degradan y contaminan todos los entornos naturales. Las cifras en este sentido son escalofriantes: más de un millón de especies de animales y vegetales del mundo están en un peligro de extinción; el 92% de la población respira aire contaminado, se calcula que 8 millones de toneladas de residuos de plástico llegan a los mares del mundo cada año, entre otros datos pesimistas. Este ritmo es insostenible y es posible que en este punto los límites del capitalismo se vislumbren.

Están surgiendo nuevas propuestas y se plantean escenarios alternativos para nuestro destino económico, donde lo más importante ya no sea solo la acumulación de capital, donde se tomen decisiones responsables con nuestro entorno y con los otros seres humanos. Ya se está hablando de movimientos como  B-Corporation para que las organizaciones sean conscientes del impacto de sus decisiones en trabajadores, clientes, proveedores, la comunidad y el medio ambiente. Escuchamos de economía de la Donut propuesta por la economista Kate Raworth, basada en una economía que regenere el planeta y distribuya mejor la riqueza. Se está insistiendo en la economía circular que tiene como principio que la basura sea el combustible del próximo proceso, retomando la idea de los ciclos y que todo se puede aprovechar.

Todas estas propuestas no se alejan radicalmente de los postulados del capitalismo, la competencia, el mercado, la innovación, que están también anudados a varios de los valores más relevantes de nuestros órdenes sociales y políticos como la democracia y la libertad. El descontento y la frustración de muchas personas es muy grande, pero los cambios o las transiciones no se dan de la noche a la mañana, en este sentido pensemos que el mismo sistema nos deja abiertas las puertas, así como puede asfixiar, también está dispuesto a brindarnos una oportunidad para un nuevo comienzo, el Capitalismo Consciente.   

Fernando Merchán Ramos

Director de Desarrollo Empresarial y Empleo de Bogotá

Fundador de la ONG Adelante Colombia

Enero 12 de 2022

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